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domingo, 13 de diciembre de 2009

Marte y los meteoritos: la clave para comprender la Tierra

Es el año 2009 y como si de una película catastrofista y de ciencia ficción se tratara, los líderes mundiales se reúnen con urgencia en la Cumbre de Copenhague para salvar el Planeta Tierra y de paso, la humanidad. Mientras tanto, los científicos, que ya hicieron su labor alertando de la destrucción de los recursos, se encuentran ensimismados en descifrar el principio del universo, la creación de la Tierra, y la aparición de la vida.

“Conocer el pasado para comprender el futuro”. Éste parece ser el lema bajo el cual trabajan las más importantes instituciones, desde la NASA o la ESA hasta el CERN (web en inglés). Pues si el acelerador de partículas busca el bosón de Higgs o partícula de Dios, clave para conocer los primeros instantes de universo, la NASA y la ESA exploran Marte y el espacio con todos los medios a su alcance para llegar hasta el principio de nuestro Planeta y de la vida.

¿Por qué el planeta Tierra parece ser el único capaz de albergar vida? ¿Hay agua en la Luna? ¿Hay o pudo haber vida en Marte? ¿Es Marte el futuro de la Tierra? ¿Cómo llegar hasta el Planeta Rojo? ¿Cómo se forma la vida?

El Dr. Jesús Martínez Frías, investigador del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA) y experto en meteoritos nos avanza, en una conferencia dada en la Universidad Carlos III de Madrid, el estado de las investigaciones. “Estamos en un momento crucial: al inicio del descubrimiento del espacio. Debemos conseguir la migración del ser humano a Marte y la Luna es el paso previo”.

¿Dónde están las claves para la búsqueda de la vida?, Martínez Frías responde: en la geodiversidad de ambientes. El Planeta Tierra alberga vida debido a su gran vitalidad geológica y esto también puede darse en otros planetas. "En la Luna, la huella del hombre quedará para siempre, en cambio, la Tierra está en continua transformación, hay cambios de sistemas y ambientes”.

La astrobiología es la ciencia que estudia la aparición de la vida en el marco de la evolución del universo. Por eso, para conocer el origen de la vida hay que buscar en el espacio y debe hacerse paso a paso: primero es necesario saber cómo se formó la Tierra y buscar en los restos del Big Bang la materia primitiva. En este caso, el Dr. Martínez Frías lleva la ventaja, pues la respuesta nos cae del cielo: “Los meteoritos son un viaje en el tiempo hacia nuestros orígenes. Nuestro planeta se formó mediante choques entre ellos. En la Tierra la materia se ha transformado, pero en los meteoritos no”.


¿Y Marte? ¿Por qué tiene tanta importancia? “Hay que explorar planetas parecidos a la Tierra para entender qué ocurrió en nuestro planeta. En el pasado Marte fue muy distinto: con lagos, mares… tuvo vitalidad geológica. Pueden observarse dos hemisferios, el hemisferio sur con estructuras muy pronunciadas. Además se han descubierto huellas de agua, lo que indica que tuvo vitalidad geológica.” Por eso, las misiones a Marte (misiones de la NASA en inglés) (ESA misión Mars express en inglés) son cruciales para la exploración directa y para los estudios de planetología comparada.

Al final, la pregunta siempre es la misma ¿cómo sabríamos de la existencia de vida en Marte o en el universo?

“Una de las claves es que la gran mayoría de las estructuras relacionadas con la vida son levógiras (al ser atravesadas por un haz de luz polarizada lo desvían hacia la izquierda). Podríamos decir que lo relacionado con la vida es de izquierdas. Mientras que en el espacio, las estructuras que se han detectado comparten el giro a la izquierda y el giro a la derecha, son de centro”.

Si encontrásemos en Marte indicios de la existencia de estructuras levógiras, podría afirmarse que hubo o hay vida en Marte. Por eso, su investigación es tan importante ya que en el pasado fue un planeta parecido al nuestro. Pero no hay que olvidar la relevancia de los meteoritos. Éstos pueden mostrarnos la materia inicial con que se formó el universo, el planeta Tierra, y la vida.

domingo, 29 de noviembre de 2009

El protagonista será la Tierra

Por primera vez en mucho tiempo no hablaré de mí, ni de usted. Tampoco de los políticos ni de los científicos. Esta vez, cambiaremos el actor principal del gran escenario del mundo.

Ahora, abróchese el cinturón, en los próximos minutos haremos un viaje. Este tipo de viajes “multiaventura” suelen ser largos y será necesaria la colaboración de todos los viajeros. Nuestro trayecto comienza aquí, en la pantalla del ordenador: una ventana al mundo, al Planeta Tierra, a la vida.

Hace 2,5 millones de años que el ser humano habita la Tierra. Desde entonces, el progreso cultural, científico y tecnológico nos ha llevado a una época donde el bienestar constituye la base de la sociedad. Hemos creado dioses, construido casas, escrito libros, hemos explotado todo lo que estaba a nuestro alcance y desde que tuvimos medios para ello, el ser humano se ha preocupado por salir allí afuera, al espacio. Entonces, la Luna y Marte han sido el foco de atención(en inglés) de astrónomos, físicos, etc. ¿Por qué tanto empeño?

Volvamos al lugar donde vivimos, a la riqueza de su geografía, de los seres vivos que en ella viven. Nuestro viaje en la Tierra lo haremos a vista de pájaro, tengan a mano sus billetes, pues no hay tiempo que perder.

La primera parada será la Antártida. Aquí encontramos hielo y más hielo, pero también numerosas especies de seres vivos con gran capacidad de resistencia a temperaturas extremas. Curiosamente, a pesar de ser una zona helada, en ella se encuentra el monte Erebús, un volcán en activo.

En segundo lugar visitaremos los mares y océanos. La riqueza de la fauna y flora que vive bajo el agua es tal, que aún estamos muy lejos de conocerla del todo. El pasado 23 de octubre la revista Scientific American dio a conocer que el censo de las especies marinas que viven en la oscuridad de las zonas más profundas de los océanos supera las 17.650 criaturas (en inglés o EL PAIS). Aún así, cada año se descubren gran variedad de especies. Los arrecifes dispersados por los mares son grandes comunidades de peces y corales. Si la belleza pudiera medirse, el paisaje submarino alcanzaría índices insospechados.

Salimos a la superficie. A lo lejos vemos tierra, la inmensidad de los cinco continentes se levanta ante nosotros y debemos sentir la emoción de Colón cuando vio América, la de Magallanes cuando llegó a la India, la de Livingstone cuando se adentró en África. Si miramos bien a nuestro alrededor veremos selvas impenetrables, montañas rocosas y praderas infinitas. Veremos la sabana africana, la taiga de Siberia y los desiertos. Chocaremos con nuevas miradas de animales minúsculos, enormes, veloces… Escucharemos, como Joseph Conrad, las conversaciones de los árboles y la música de las aves.

Por fin llegamos a nuestro destino, a nuestras ciudades, a nuestras casas. Quizá este sea el momento de reflexionar sobre el viaje. Nos acordaremos del azul de cielo, del transparente mar, del verde de las plantas en primavera, de los ocres del otoño… podremos oler la lluvia, la nieve, sentir el viento, el frío del invierno y el calor del verano.

Lo dije al principio. Esta vez no hablaría de las últimas noticias del calentamiento global (en inglés), ni del derretimiento de los polos, no mencionaría el CO2, ni tampoco la contaminación de los mares y océanos, pasaría por alto la economía sostenible.

Esta vez, sólo por esta vez, el protagonista no merecía ser el Hombre.